Jueves, 18 Julio, 2019
   
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PEPA Y PEPO EN EL BUS ESCOLAR

Cuando sonó el despertador se oía un ligero golpeteo en la ventana, estaba lloviendo, no mucho, pero si lo suficiente para que dudase ¿habrá colegio?, ¿cómo se hará la lluvia?, pensó. Su madre entró en la habitación.       -- Pepo, no te levantes aún que está lloviendo y no hay colegio, cariño. Él sonrió, se dio la vuelta en la cama y cerró los ojos otra vez. Se estaba tan agustito entre las sábanas.

De pronto, todo comenzó a moverse.

--Vamos Pepo, no te hagas el remolón que se te hará tarde y luego vas corriendo como siempre. Era su madre que le agitaba suavemente como todas las mañanas.

– ¡Pero si no hay colegio, no ves que está lloviendo!

-- ¿Quién te ha dicho eso?, son cuatro gotas.

-- ¡Tú! Le replicó Pepo.

-- ¡Anda, anda, estarías soñando como siempre!, Pepo sabia que su madre tenia razón, aunque su imaginación no le dejaba diferenciar muy bien cuando estaba soñando dormido y cuando despierto.

--¿Mamá por qué llueve?

-- Porqué es necesario—contestó su madre,

-- Si ya lo sé, pero ¿quién sube el agua allí arriba?

Su madre, sorprendida por la ocurrencia comenzó a reír y le dijo que luego se lo explicarían su padre o ella misma .

Al ver el autobús del colegio delante de su casa, detenido ante un semáforo rojo, se acercó y miró al conductor mientras, levantando la cabeza y abriendo mucho los ojos, le pedía que le abriese la puerta. El conductor movió la cabeza a los lados negando esa posibilidad.  Entonces salió corriendo para llegar al lugar de parada antes que el autobús. Lo consiguió porqué el conductor, que ya le conocía, le dio ventaja. Saludó a su amiga Pepa casi sin poder respirar.

-- Ah, ah, ah... ¡Hola Pepa!, ¿has visto?, le he ganado

-- Ya lo sé, estás loco, siempre corriendo....

Al subir al autobús Rocío, la acompañante, le riñó.

-- Pepo no vuelvas a hacer carreras con el autobús; y menos lloviendo, que te puedes caer

--Vale, vale, respondió él.

Una vez sentados, Rocío les recordó que no se levantasen del asiento y que se pusiesen el cinturón.

Pepo, que mantenía la curiosidad de la mañana, preguntó a su amiga.

--¿Por qué llueve Pepa?,

-- Para que se rieguen las flores,... creo,

-- Si, pero ¿quién sube el agua allí arriba?

-- No lo sé Pepo, déjame tranquila.

El autobús circulaba muy despacio para Pepo que, con la cara pegada al cristal, comentó.

-- Que tortuga, vamos a llegar tarde,

-- No ves que hay mucho tráfico, no puede ir más deprisa-- le respondió Pepa.

En menos de una hora, (tiempo máximo permitido para el transporte escolar) habían llegado al Colegio, aunque era cierto que se habían retrasado unos minutos.

–Ves como hemos llegado tarde, dijo Pepo,

--¿Y qué?, lo importante es que lleguemos bien-- respondió Pepa.

Una vez en clase, el director del colegio entró y les dijo...

– Buenos días, por si os preguntan en casa, vamos a posponer el simulacro de accidente en autobús para que no os mojéis con la lluvia. Ya mandaremos una nota cuando se vaya a realizar.

Pepo levantó la mano,

--¿Qué quiere decir “posponer el simulacro”?, si vamos a tener un accidente con el autobús yo no vengo ese día, que ya he tenido uno con la bici y no me gustó nada.

Riéndose, el director le contestó.

– No hombre, no. No vamos a tener ningún accidente, pero vamos a hacer como si lo tuviésemos para que aprendáis que se debe hacer en esos casos. Y posponer quiere decir poner después, o sea, que no se va a hacer hoy, pero si otro día. Bueno portaos bien-- Y se marchó.

Por la tarde, Pepo había ido a jugar con su amiga. Entró en la cocina y se quedó mirando la ventana,

--¿Qué pasa Pepo?, le dijo la madre de Pepa.

-- Que parece que la ventana esté llorando.

Al volverse a mirar la ventana, vio caer las gotas de vaho a lo largo del cristal. ¡Qué imaginación tiene este niño!, pensó.

– ¿Por qué piensas que son lágrimas? Es vapor de agua que se condensa al enfriarse y cae por la ventana, como cuando llueve.

Era la ocasión de Pepo, de nuevo repitió la pregunta que le tenia ocupado todo el día

– ¿Por qué llueve?-- En ese momento apareció Pepa.

-- Si mamá, ¿por qué llueve?, ¿cómo sube el agua hasta el cielo?

Su madre comenzó la explicación, mientras les preparaba la merienda.

--Mirad, veis la olla que tengo en el fuego, esa especie de humo que sale es el agua que al calentarse mucho, mucho, se convierte en vapor y sube hacia arriba. Pues bien, cuando ese vapor se enfría, por ejemplo en el cristal de la ventana, se vuelve agua liquida otra vez y cae. En la naturaleza es el calor del sol el que hace evaporarse al agua de los ríos y del mar y al subir hacia el cielo y llegar a sitios más fríos, se condensa, se vuelve agua líquida otra vez y cae hasta el suelo otra vez.

Los dos niños miraban con atención imaginando el proceso como si estuviesen viéndolo en una pantalla, pero al ver su merienda preparada, el hambre venció a su interés y decidieron irse a jugar con la consola.

Cuando llegó  el padre de Pepa les dijo:

--Pepo, me ha dicho un pajarito que esta mañana has hecho una carrera con el autobús del colegio y sabes que es peligroso.

Pepo miró de reojo a Pepa y dijo muy bajito:                   – Pajarito no,  pajarita.

--Me ha contado Pepa lo que os ha dicho el director ¿qué te parece lo del simulacro de accidente?

Levantando la cabeza le respondió al padre de Pepa:

--No sé, pero lo de que se llame “accidente” no me gusta nada.

El padre de Pepa les explicó un poco de que iba a ir el tema:

– Mirad, sabéis que en el tráfico puede haber accidentes y debemos intentar evitarlos o, por lo menos, poner los medios para que nos hagamos el menor daño posible. Por eso es bueno que nos entrenemos para saber cómo debemos comportarnos si pasase algo. En los autobuses escolares hay unas medidas de seguridad que debéis conocer, por ejemplo los abrepuertas de emergencia, que son unos pulsadores, como si fuesen un botón del ascensor, pero tapado, para que si el conductor, en caso de emergencia,  no puede abrir la puerta, lo pulséis vosotros y la podáis abrir manualmente. También hay unos martillos rompecristales...

-- ¿Rompecristales?, interrumpió Pepo riéndose.

-- Cuidado Pepo que me das miedo, ¡solamente en caso de emergencia y si no hay más remedio!, con el martillito que hay en el autobús y que se debe mirar donde está, pero no tocarlo si no hace falta, insisto, en caso necesario y con mucho cuidado se golpea el cristal en el que pone “ventana de emergencia” que está fabricado con un cristal de fácil rotura para poder salir del autobús.

Pepo estaba divertidísimo,

--Entonces, ¿no puedo romper cualquier cristal del autobús?,

--Pepo, por favor, no tienes que romper ningún cristal de ningún sitio, igual que no te pones una venda si no te has hecho una herida, pero tienes que saber donde están las vendas y como ponerlas.

El padre de Pepa se estaba poniendo serio.

– Continúo, debéis saber el número de emergencias...,

–112, 112, lo sé, lo sé.

Gritó Pepa, un poco contagiada por la agitación de Pepo,

--Ya sé que lo sabes Pepa, muy bien, pero estas cosas no deben tomarse en broma, en caso necesario debéis acordaros de lo que estamos comentando esta tarde. Por ejemplo, ¿por qué puerta se debe bajar?

–Por la que quieras, dijo Pepo.

–No, no, por la mas cercana al conductor. ¿Puede parar a recoger a los niños donde quiera el conductor del autobús?,

-- Si, porqué esta mañana si me hubiese abierto yo hubiese subido antes, pero como no ha querido abrir...

–No, Pepo, no es que no quiera abrir, es que las paradas ya están determinadas y no puede recoger niños fuera de ellas.

La conversación continuó medio en serio medio en broma; estar encerrados en la casa todo el tiempo no agotaba sus energías, pero si las del padre de Pepa, que cuando oyó sonar el teléfono y la voz del padre de Pepo pidiéndole que lo mandase para casa, sintió un cierto alivio.

Al día siguiente, Pepo que como ya sabemos es un poco travieso pero muy listo, se fijó en los martillos rompecristales que tanta gracia la habían hecho, en las ventanas de emergencia y en los letreros tan brillantes que señalaban las salidas, así como los abrepuertas de emergencia del autobús.

Cuando vio a ese niño que se parecía tanto a él correr junto al autobús, pensó en decirle al conductor que acelerase más, pero de repente el niño resbaló y se fue hacia el autobús, el conductor hizo un giro muy brusco, el suelo mojado por la lluvia impidió que frenase a tiempo y chocó contra un camión que venia de frente, todos gritaban. Afortunadamente los cinturones sujetaban a cada niño en su asiento, pero tanto el conductor como la acompañante se habían golpeado en la cabeza y perdido el conocimiento. Pepo, buscó a Pepa con la mirada

--¿Te duele algo?,

--No, le respondió ella, ¿qué ha pasado?,

--El tonto del niño ese que iba corriendo con el autobús.

Pepo cogió el teléfono móvil de Rocío, se lo dio a Pepa y le dijo:

--Llama al nº ese que dijo tu padre, y mientras ella llamaba, el buscó el pulsador abrepuertas .Entre la gente que ya se había a cercado al autobús un señor con bigote dijo:

– Déjenme pasar, soy médico, y subió. En ese momento, la cama comenzó a moverse:

--Vamos Pepo, no te hagas el remolón que se te hará tarde y luego vas corriendo como siempre. Era su madre que le agitaba suavemente como todas las mañanas.

–Mamá, no voy a hacer carreras con el autobús nunca más.

–Me parece muy bien hijo, ¿qué has soñado esta vez?

Cuando le contó el sueño a Pepa ella sonreía, pero lo cierto es que el día del “simulacro de accidente”, aunque lo de bajar de forma ordenada fue lo que menos le gustó a Pepo, que siempre quería ser el primero en todo, les felicitaron por conocer las medidas de seguridad que tenía el autobús, incluso Pepo les dijo a todos los demás que no debían hacer carreras nunca con el autobús porque era muy, muy peligroso.

   

PEPO Y PEPA O LA HISTORIA DE UNA AMISTAD

Sus padres se conocieron en la sala de espera del hospital mientras sus madres  trataban de que aquellos momentos pasasen rápido. Pepo nació alto, delgado y sin apenas pelo, decían que se parecía a su madre y ya era muy activo. Su mirada no adelantaba aún lo listo que era, pero su llanto cuando quería comer si delataba su poca paciencia. Pepa, en cambio, era muy calmada, pesó más de lo que al médico le hubiese gustado y parecía que dormir era su mayor afición.

La guardería y el colegio les hicieron convivir mucho tiempo juntos. Además se caían bien y cuando oían a sus madres repetir --estos acabarán casándose –, no entendían bien el significado de la frase, pero no les importaba demasiado.

La bici fue el único juguete que pudieron comparar cuando unas navidades, no se sabe bien si Papa Noel o los Reyes Magos, coincidieron en traerles una a cada uno. La de Pepo era más alta y de color gris metalizado, la de Pepa era rosa y tenía unas cintitas en el manillar. Pepo, tras unos cuantas caídas, comenzó a controlar la situación. Parecía que no le dolían los golpes, aún no había desaparecido la polvareda que se había levantado al caer y ya estaba de pie, levantando la bici y pedaleando de nuevo. Pepa no se atrevía a poner los pies en los pedales, su padre le decía que iba a crecer de tanto estirar las piernas para no perder el contacto con el suelo.

Con el tiempo fueron crecieron los cuatro. Pepo y Pepa ya tenían nueve años y sus estaturas eran muy parecidas, las de las bicis no, la de Pepo era más alta que la de Pepa. En el barrio se acercaban las fiestas y el Ayuntamiento estaba anunciando una competición de bicicletas para celebrar la inauguración de la senda ciclable que acababan de construir en su parque. El primer premio eran unos videojuegos, los últimos que habían salido. ¡Tengo que conseguirlo!, pensó Pepo. Era un regalo que sus padres no querían comprar hasta que no acabase el curso. Decían que según fuesen las notas. ¡Qué tontería!, el curso acabaría bien porque al final él siempre tenía suerte y aprobaba. Le costó convencer a Pepa para que participase con él. Ella, al principio no quería, pero Pepo era su amigo y sin saber muy bien la causa, no podía decirle que no.

Durante el mes que faltaba para la competición, Pepo animaba constantemente a Pepa para que cogiese más velocidad.

---¡Corre más!, ¡corre más!, ¡a que no me adelantas!, así no vas a ganar los videojuegos—

Pepa, que siempre había sido más calmada, no hacía mucho caso y salía tranquilamente con su bici. Su padre, además, se lo recordaba con frecuencia:

--- circula por el carril bici, respeta los semáforos y las señales, y ponte el casco--.

Pepo no siempre se ponía el casco, y cuando lo hacía, con las prisas, no se lo abrochaba, también iba por el carril bici, como Pepa, pero de vez en cuando recortaba las curvas y las cogía en línea recta para tardar menos en llegar. Sobre todo, lo que más nervioso le ponía era la maldita costumbre de Pepa de pararse en los cruces cuando había un STOP.

---Pero si no viene nadie, ¿qué haces ahí parada?—

Pepa siempre le respondía lo mismo

– STOP: Siempre Tienes Obligación de Parar. Me lo ha dicho mi padre, él se lo enseña en la autoescuela a los que se sacan el carnet--,

--Ya lo sé, ya lo sé, cuando me saque el carnet ya lo haré; pero si no viene nadie es una tontería perder el tiempo parando—respondía Pepo.

Se acercaba la fecha de la competición y Pepo se esforzaba en correr cada vez más con su bici. Aquella tarde la niebla apareció por sorpresa, no se veía demasiado bien, pero como no llovía, cogería su bicicleta como siempre. A Pepa no le apetecía, pero ante la insistencia de Pe

po, acabo cogiéndola. No sabía decirle que no. Sus padres no estaban en casa cuando salió, pero ella siguió con sus buenas costumbres: se puso el casco, colocó bien el espejito, comprobó que las luces iban y además recordó la frase de su padre: “si no se ve bien, no cojas la bici, pero si no te queda mas remedio, ponte el chaleco reflectante, ¡hazte ver!”

El recorrido era el de todos los días, pero las circunstancias no, la niebla lo tapaba todo.

--El dichoso STOP seguía allí y Pepa se iba a parar, seguro, pero yo no veo a nadie--, pensó Pepo....

De repente se oyó un frenazo, todo empezó a dar vueltas y se volvió oscuro, muy oscuro.

Al despertar, estaba en una habitación extraña, olía raro, le dolía un poco la cabeza y, sus padres y los de Pepa, le miraban asustados

--¿Qué pasa mamá?, ¿dónde estoy?— , su madre empezó a llorar.

Su padre le gritó –¡casi nos matas del susto!, ¿te parece bonito lo que has hecho?—

El padre de Pepa intervino, --tranquilos, tranquilos, ahora no hay que alterarse, lo importante es que el niño está bien. Menos mal que llevaba el casco --.

La historia volvía a ir de hospitales, pero ahora no era como la primera vez que se conocieron sus padres. A Pepo le habían atropellado; la falta de visibilidad y la humedad del suelo, hicieron que el conductor del coche no frenase a tiempo. Y menos mal que al ver el chaleco reflectante de una niña en bicicleta había frenado un poco por si acaso, pero, ¿cómo iba a imaginar que delante iba un niño con otra bici y se iba a saltar el STOP?.

Pepo no se recuperó a tiempo para la competición de las bicicletas, era lo que mas rabia le daba. Pepa si que iba a competir, pero con lo lenta que era seguro que no ganaba. Ni siquiera quedaría de las primeras.

Cuando Pepa se acercaba al lugar del concurso estaba dispuesta a correr todo lo que pudiese para conseguir el premio para Pepo. Allí no habría coches y no sería tan peligroso. Además, sus padres le habían dado permiso. Su cara de preocupación cambió al ver un recinto con varios policías locales, semáforos, señales y líneas pintadas en el suelo. ¡Aquello era un parque infantil de tráfico!. Lo había visto en la tele y en algunas revistas de las que tenía su padre en casa. Le invadió una risa muy escandalosa, sin saber bien por que, sus ojos se llenaron de lágrimas. Estaba segura, ¡iba a ganar!. Las señales eran sus amigas, las conocía a todas.

Cuando Pepa apareció en casa de Pepo con las manos a la espalda y la cara radiante, pensó que le traía algún regalo para él, pero al ver los videojuegos, los últimos que habían salido, los mismos que daban como premio, preguntó

--¿de dónde has sacado el dinero para comprarlos?--,

y al oír a Pepa gritar

--¡he ganado el concurso!--, casi le da algo,

--¡pero si tú eres una tortuga en bicicleta!--,

--ya, respondió ella, pero la competición era en un parque infantil de tráfico y soy la que mejor ha sabido circular por él--.

El padre de Pepa se sentó en la cama junto a Pepo y le dijo refiriéndose a él y a su padre que también estaba allí:

–espero que esta lección os sirva a los dos. Saltarse las normas y no tener precaución no es conducir mejor ni ser mas listo, es arriesgarse a perderlo todo por las prisas—

Pepo notó que un calor intenso subía a sus mejillas, sus orejas estaban ardiendo, su padre le miraba moviendo la cabeza de arriba a bajo y sonriendo. Estaban aprendiendo una gran lección. La mejor forma de llegar no es correr más, es no equivocarse de camino.

Pepo tardó un tiempo en volver a coger su bici, pero cuando lo hizo se fijaba mucho en las cosas que hacía su amiga Pepa porque ahora sabía lo importante que era respetar las señales y, sobretodo, mirar muy bien a todas partes porque, aunque tuviese que pasar él primero debía asegurarse de que no viniese ningún coche. Tenia que ver y hacerse ver.

Esta historia no termina como otras en que los protagonistas se casan y son felices. Por ahora no se han casado, pero son felices y circulan más seguros.

 

 

 

 

   

Colisión + Atropello = Alumno ileso

Un alumno llega el lunes a realizar su práctica y le dice al profesor

-- El domingo me atropello un coche

-- ¿Dónde?

-- En la feria

-- ¿Alguno que se metió estando prohibido?

-- No, en los coches de choque. Es que íbamos dos amigos en el coche y yo iba sentado en el lateral y nos dieron un golpe y me caí y cuando me levanté vino otro y me atropelló.

   

Mami, voy a suspender

Los tres alumnos, dos chicos y una chica, volvían del examen en el coche de la autoescuela felices y contentos junto al profesor que les iba diciendo:

-- Veis como no era tan difícil como os contaban. Cuando la alumna, que se había examinado la última le dice:

-- No se si contártelo, pero he llamado a mi madre.

-- ¿Por qué?

-- Porque al ver al examinador me he asustado y, al quedarme sola, he llamado a mi madre llorando y le he dicho mamá ya he visto al examinador y por su aspecto se que voy a suspender.

   

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